El activo que supone para una ciudad su patrimonio cultural, antiguo y contemporáneo, material e inmaterial, evidencia el interés y preocupación de profesionales y ciudadanos por que las Administraciones Públicas asuman, como les corresponde, un activo papel para fomentar el conocimiento, preservación, puesta en valor y difusión de dicho patrimonio; y hagan partícipe al ciudadano de este proceso. Todo ello bajo criterios consensuados, universales y sostenibles, preservando el pasado desde lenguajes contemporáneos y con visión de futuro.