Aproximación a Medialab-Prado: Daniel Fernández
Descripción y valoración de tu experiencia en Medialab-Prado
La primera vez que visité el Medialab-Prado, en la anterior sede del Conde Duque, fue para asistir al encuentro Inclusiva-Net. Nuevas Dinámicas Artísticas en modo web 2.0 (julio 2007). Poco después, y por esas cosas del destino, pasé a formar parte del equipo de mediadores. En la actualidad la relación continúa fundamentalmente a través del Laboratorio del Procomún México, de reciente implementación en el Centro Cultural de España en México.
Qué es lo que mejor valoras, y qué aspectos crees que deberían cambiar o mejorar
En general, coincido en que la fuerza y especificidad de Medialab-Prado estriba en su atención a los procesos, minimizando el interés de la cosificación expositiva, y mostrando que los caminos en las prácticas artísticas-culturales contemporáneas pasa por la incorporación e inclusión de los usuarios a la gerencia de la enunciación significante, que rige sus interpretaciones-construcciones de lo real. Los modelos de trabajo desarrollados en estos años dan buena cuenta de esa preocupación, generando procedimientos muy alejados de la herencia del museo, y centrando la atención en las dinámicas y “productos” en proceso. Entiendo a su vez que este modelo se circunscribe a un contexto espacial muy determinado, y que se sienta el riesgo que implicará la exigencia que, de seguro, se le planteará hacia una lógica más expositiva.
Asimismo, valoro especialmente la puesta en marcha del equipo de mediación como una apuesta clave de cara a lograr esa inclusión, tanto en lo que respecta a la incorporación de los “usuarios” en los procesos productivos, como en la puesta en valor de esos procesos. El/la mediador/a funciona de enlace entre las propuestas y los postulantes, como traductor/a de necesidades y comunicador/a de “lo acontecido” en el durante -prioridad máxima-. El trabajo que se desarrolla a lo largo de los encuentros, de documentación y comunicación continua, es fundamental para el buen desarrollo de esas tareas de enlace; sitúa esta figura muy alejada del guía de exposiciones, fijando su objetivo en favorecer comunidad e invitar a la participación activa del visitante/usuario.
No es desdeñable tampoco la labor desempeñada en lo que se refiere a la investigación, de nuevo promoviendo dinámicas de organización incluyentes las cuales determinan los objetivos de las propuestas. El Laboratorio del Procomún, en este sentido, como ensayo de concreción del ámbito de lo común, como proyecto de delimitación y defensa de los bienes comunes, se basa en esa apertura, posible tanto por el contexto extra-académico en el que se desarrolla, como por la reflexión que en todo momento se produce acerca de los procedimientos. Soy consciente de que es una preocupación constante la de incorporar a “la comunidad de afectados” a los debates del procomún, y también de la dificultad de generar dinámicas en esta dirección, y creo que se puede hablar del Medialab-Prado como un experimento público/institucional de educación expandida.
Por último, me parece interesante la introducción y apuesta por la multidisciplinariedad: en todas las líneas de trabajo se ve siempre esta condición funcionando como garante de buen hacer y muestra de las potencialidades existentes en las dinámicas de producción colectiva.
Cómo crees que debería evolucionar teniendo en cuenta su contexto futuro (traslado en 2011 al edificio contiguo, la antigua Serrería Belga)
Teniendo en cuenta lo anterior, que es a lo que vagamente me puedo referir, creo que lo que debiera guiar el desplazamiento al que se verá sometido el centro en breve, es la conservación de esos lineamientos -filosofía, espíritu, planteamientos, ...- iniciales, que priorizan la participación activa -de individuos, colectividades, ...- frente a la contemplación pasiva, espina dorsal del proyecto Medialab-Prado. Permitir y favorecer esos espacios de aprendizaje, de contaminación multidisciplinar e ideológica, trabajando por la puesta en marcha de procesos de comunicación y articulación de una cultura polimorfa y diferencial.
Los cambios importantes -los cambios de este tipo- suelen presentarse como amenazas y oportunidades a la vez; me atrevo a sugerir desde la distancia -en los recuerdos y los Kms-:
Coincido con algunas aportaciones que señalan la oportunidad del nuevo espacio para abrirse a las colectividades de productores culturales, acogiendo residencias de artistas, y más interesante aún me parece la posibilidad de que grupos, colectivos de individuos reunidos en torno a una preocupación o proyecto común, puedan disponer de una infraestructura básica para ello (Antonio: de acuerdo con la idea de “hospitalidad”). Asimismo, me parece fundamental que exista un intercambio real, y que los productos de esas estancias reviertan en beneficio público -de ahí, tal vez la necesidad que comentáis (J. Martín Prada) de almacenamiento de los registros en repositorios más accesibles-.
De lo anterior podría seguirse también la posibilidad de incorporar otras temáticas susceptibles de ser abordadas en el marco deliberativo de un centro cultural. Creo que es importante que a mayores posibilidades y más recursos no le siga el regreso a estructuras anteriores, sino la extensión de un modelo exitoso a otras áreas de trabajo. Se entiende que esta ampliación de contenidos sólo puede llevarse a cabo si se produce/permite la cesión del control de los proyectos -lo digo por los límites de la capacidad humana de gestión-, así como un planteamiento de las dinámicas de adjudicación de los mismos, incorporando grupos de interés y nuevas comunidades de usuarios. De lo que se trata es de asumir el proyecto Medialab-Prado como plataforma cuya especificidad está en una lógica estructural ampliable a otros contenidos.
Concuerdo con Juan Freire en los riesgos que se deben afrontar y considerar, atendiendo a lo que se esperará en adelante del Medialab-Prado. Es muy probable que se tome en serio el tema de adquirir mayor visibilidad, lo cual podría conducir a ciertas presiones hacia modelos de gestión más “normalizados”. Aunque también es posible que se genere un mayor interés en el proyecto por parte de otros grupos de población que, de mantener el Medialab su permeabilidad característica, se podría ver beneficiado; si entendemos que la vocación es de incorporar, me parece fundamental el visibilizar.
Habrá que pensar entonces -e imagino que esto es parte central del debate-, en cómo mantener el equilibrio entre lo que se expone y lo que se produce, es decir, cómo aumentar la oferta expositiva sin renunciar a la lógica característica del proyecto inicial.
Creo que será importante mantener/consolidar el equipo de mediación, fundamental en esa vocación de apertura, como elemento capaz de explicitar esta especificidad y comunicar qué hace del Medialab un modelo de gestión replicable en otros espacios y proyectos.
Medialab-Matadero Madrid