Aproximación a Medialab-Prado: Frédérique Muscinési

Relaciones con Medialab-Prado

Conocí el Medialab cuando todavía estaba en el Conde Duque con el motivo de una exposición, de la cual no me acuerdo el nombre, donde varios compañeros de Máster hacían prácticas. Eso era en 2005 ó 2006. Dos de mis compañeros especialmente queridos, Daniel y Antía, se quedaron de mediadores. Siguiendo sus consejos, empecé a ir regularmente. Me acuerdo de una de las primeras charlas a las cuales asistí: una de David Bravo sobre Copyright/Copyletf y un debate sobre la producción artística con un crítico del ABC Cultural, Javier Duero y Francisco López. Ya no paraba de ir, asistiendo a todas las charlas, todos los AVLABs que en esta época ya se habían iniciado... Es que por razones extremadamente personales, Medialab encarnaba unas vías conceptuales y existenciales que andaba buscando desde hacía años sin poder formularlas y que de repente surgían como una posibilidad en marcha y creativa de poder ir sobreviviendo y existiendo. Hasta tal punto.

Cada vez más integrada, Marcos me propuso ser a mi vez mediadora. Acepté muy contenta. Trabajando todavía en otro sitio, preparamos la nueva temporada con una primera reunión del Laboratorio del Procomún y el primer Inclusiva-net. A la vuelta de los meses de verano, había que mudarse, pasar del Conde Duque a la Plaza de las Letras. Se juntó Clara, una brillante chica de mucho carácter, y poco tiempo después otro Daniel, un brillante chico también de mucho carácter. El espacio estuvo cerrado durante más de un mes. Dedicamos todo este tiempo a investigar sobre los temas que nos apasionaban, de los cuales no parábamos de debatir y que íbamos a abordar en las diferentes actividades programadas. Preparamos carpetas documentales, un del.ici.ous, fichas de libros, luego abrimos un blog, y debatíamos más... Fue un tiempo muy interesante. El centro abrió y nos tocó hacer aquello por lo por lo que estábamos aquí: atender a las personas que se encontraban en el espacio – público, participantes en talleres...- intentando articular necesidades, expectativas, personas y conocimientos. Cada uno tenía entera libertad para experimentar, profundizar en la línea que le interesaba más, y en las tareas en las cuales se sentía más cómodo. Para todos, la satisfacción residía en poder participar en todas esas actividades que nos interesaban tanto. A los pocos meses sin embargo, decidía volver a mi país; entraron otros compañeros, y los tres nos fuimos casi al mismo tiempo. Durante los dos años que pasé en Francia, estuve sin parar a la búsqueda de sitios similares o de sitios donde proponer la implementación de lógicas de producción similares, pero en balde. Nadie lo hacía y nadie parecía entenderlo.  

Por ello, a pesar de la distancia, nunca dejé de ir al medialab por el interés de las propuestas y actividades, por el placer de ver a la gente que está y que quiero, y por ser un microcosmos donde encontrar a más gente con inquietudes compartidas y nuevos proyectos en los que participar, y una especie de paréntesis salvador donde las relaciones sociales y la organización entre personas son horizontales, sencillas y abiertas. Medialab es un espacio de libertad donde soplar y avanzar.

Hoy en día, más que nunca me siento cercana a Medialab-Prado y me reconozco en las formas organizacionales que experimenta, huyendo al máximo de las estructuras tradicionales de poder.

La experiencia Medialab-Prado es antes de todo una experiencia existencial –se necesita querer algo más del mundo para quedarse enganchado aquí– y un espacio de aprendizaje –una vez enganchado, se aprende progresivamente a sentir la validez de otra forma de vincularse al mundo y a los demás y a vivirla–, cuyo modelo es la prueba de que un compromiso sincero – sentido – puede renovar el sistema social, político y económico.

 

Las debilidades de Medialab-Prado

Hoy en día serían: ser más cuidadoso, porque el poder político es un cosa terrible y temible que puede arruinar las formas de expresión más independientes. No nos damos cuenta, hasta que un día el Estado imponga su violencia (ver Francia o Italia). Por eso necesitaría una mejor puesta en valor del espacio: más juego entre espacio y contenidos (pasado/futuros...) necesitaría una renovación en la manera de transmitir lo que pasa... en la palabra/discurso (fomentar la participación y el diálogo no saltar la “chapa” / transmitir herramientas y no contenidos / apostar por la interiorización de una práctica radical de la recepción (no sé más y lo que digo no tiene más legitimidad que lo que dice la persona que recibo). Una renovación en la propuesta que se hace a los públicos para recibir la información (tipo de info, manera de recibirla...). Fomentar en los usuarios el cuidado del espacio, sobre todo en el caso de los usuarios que vienen a trabajar... que ayuden más al cuidado del espacio, no por regla sino por responsabilidad y conciencia de que este espacio está puesto a su disposición, pero que no tiene por qué serlo. Sería positivo que se tienda a ir borrando el límite entre los que trabajan y los públicos a favor de un espacio común. Esta división todavía vigente está particularmente visibilizada por los mediadores “al servicio” de los usuarios (cierran el espacio, apagan...).   


El futuro en la Serrería Belga:

No conozco las problemáticas nuevas que genera la mudanza a este espacio.

Tal vez, una disminución de la polivalencia de los espacios – pero eso seguramente no sea bueno.

Falta de personal.

Abrir el público.

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